Arqueología y patrimonio cultural de Galápagos

Las huellas de le memoria isleña

Arqueología y patrimonio cultural de Galápagos

 

 

Más allá de constituir uno de los más valiosos patrimonios naturales del planeta, las islas Galápagos también albergan un interesante patrimonio cultural, tanto tangible como intangible.

El patrimonio cultural es, por definición, producto de una selección consciente por parte de una sociedad o colectivo determinado. Por ende, no toda la herencia recibida del pasado puede ser considerada "patrimonio": solo aquellos elementos (a veces, simples fragmentos) que la propia sociedad considere relevantes como parte de su memoria colectiva y social. El patrimonio se constituye, así, en testimonio de un tiempo pretérito considerado valioso por un grupo humano: una serie de huellas dejadas en la memoria.

El tangible incluye edificios, monumentos, paisajes, libros, obras de arte y otros artefactos. Por su parte, el intangible comprende folclore, tradiciones, idiomas y conocimientos en general.

En Galápagos, el patrimonio cultural tangible abarca desde los restos dejados en las costas isleñas por los primeros visitantes hasta las tempranas construcciones de los colonos, pasando por artefactos históricos, caminos, embarcaderos y otras huellas dejadas en las islas por la presencia humana. Esto último incluye documentos tales como fotografías, cuadernos de campo o películas.

Así, las construcciones que aún se mantienen en pie en El Progreso, Asilo de la Paz o Bahía Academia, pertenecientes a los primeros colonos isleños, constituyen parte del patrimonio cultural tangible galapagueño. Lo mismo ocurre con los elementos pertenecientes al ejército estadounidense que sobreviven en Baltra y en las vecindades de Puerto Villamil, o con el tristemente célebre "Muro de las Lágrimas". Las casas más tempranas, las fuentes de agua, los lavaderos, las salinas, los muelles, los senderos que conducen a las partes altas de las islas habitadas: todo ello, y todos los elementos tangibles asociados a ellos, constituyen patrimonio cultural. Y, como tales, deben ser identificados, estudiados, protegidos y divulgados.

Artefactos como coches y lanchas antiguos, herramientas de trabajo, o instrumentos de estudio e investigación, también son elementos patrimoniales. Espacios como las canteras de piedra de Santa Cruz o las cuevas de Floreana, que forman parte de la geografía humana isleña por ser producto directo de la acción del hombre, componen asimismo patrimonio cultural tangible. Otro tanto ocurre con las colecciones bibliográficas y audiovisuales referentes a la vida en Galápagos, incluyendo fotografías, diapositivas, casetes de audio, cintas de video, películas de carrete, folletos, carteles, tickets, libros, revistas y un largo etcétera.

Por su parte, el patrimonio intangible de las Galápagos incluye, sobre todo, la rica tradición oral que aún circula en el archipiélago: esa poblada de muchas leyendas, pero que también da cuenta de historias "pequeñas", jamás recogidas en documentos escritos. La palabra hablada es uno de los medios más ricos y más empleados aún en la actualidad, para transmitir memorias y conocimientos; tristemente, bibliotecas, archivos y museos suelen prestar poca atención a semejante bien patrimonial.

Un fragmento de este inmenso y variopinto patrimonio galapagueño —el de los restos antiguos hallados sobre todo en las costas de ciertas islas— ha sido atendido (superficialmente) por una disciplina en concreto: la arqueología. En 1953, la Norwegian Archaeological Expedition to the Galapagos encabezada por el célebre explorador noruego Thor Heyerdahl, identificó yacimientos arqueológicos en cuatro puntos del archipiélago, en donde hallaron, supuestamente, una mezcla de restos cerámicos prehispánicos e históricos (entre ellos, españoles y británicos). Los resultados fueron publicados en Archaeological evidence of pre-Spanish visits to the Galapagos Islands (1956), y fueron debatidos e incluso puestos en duda por numerosos historiadores.

Una década más tarde, y basándose en los resultados de Heyerdahl, ESPOL (Escuela Politécnica Superior del Litoral, Guayaquil, Ecuador) efectuó una práctica vacacional en isla Santiago. Allí, un docente de la institución, el ingeniero Raúl Maruri, recolectó una colección de fragmentos cerámicos, sobre todo ingleses, españoles y mexicanos. La hoy llamada "colección Maruri" compone la base del fondo arqueológico del Museo de la Fundación Charles Darwin (FCD).

Finalmente, en 2005, el proyecto de recolección de artefactos arqueológicos dirigido por el australiano Simon Haberle, realizó un estudio extensivo (aunque, aun así, superficial) de todos los puntos del archipiélago en donde podrían encontrarse restos. En líneas generales, los hallazgos y estudios posteriores revelaron la inexistencia de materiales prehispánicos y, por ende, pusieron en duda las visitas de navegantes precolombinos a las Galápagos, una teoría fuertemente apoyada por Heyerdahl. La colección de Haberle reposa también en el Museo de la FCD.

Queda una enorme tarea por delante en relación al reconocimiento y estudio del patrimonio cultural de las islas Galápagos. La arqueología se ha limitado a raspar la superficie, concentrándose en los restos más antiguos y vistosos (vasijas piratas, restos de balleneros...), y dejando de lado el amplio espectro de artefactos, enterrados o no, que pueden recuperarse de las playas, campos y montañas isleñas. La historia, la sociología, la geografía humana, la arquitectura y la ingeniería tienen un amplio campo de estudio; algo similar ocurre con la bibliotecología y la archivística, y con otras disciplinas pertenecientes a las ciencias sociales y humanas.

Retomando la idea inicial: el patrimonio engloba aquellos elementos que la sociedad considere relevantes como parte de su memoria colectiva y social. Para Galápagos, es tiempo de empezar a (re)conocerlos.

[La fotografía que ilustra este texto fue tomada por Edgardo Civallero].


 

Texto e imagen: (edgardo.civallero@fcdarwin.org.ec)
Fecha de publicación: 1 de diciembre de 2021
Última revisión: 1 de diciembre de 2021